domingo 25 de agosto del 2019 | Aguascalientes, México

Opinión
EL GOBIERNO DEBE PREPARARSE PARA ESCUCHAR A SUS GOBERNADOS
17 de Noviembre, 2018

Hablar de políticas públicas se ha vuelto moda en los últimos años en México: no hay político o gobernante, que se precie de ser uno bueno, que no prometa o hable de estar llevando a cabo políticas públicas. Pero este concepto al venir de un contexto totalmente diferente al mexicano -Estados Unidos-, si se analiza críticamente, no se implementa de forma correcta por acá, al sur del río Bravo, pues, lamentablemente no compartimos la misma cultura político-administrativa. 


Las políticas públicas implican, antes que cualquier otra cosa, una relación directa entre la autoridad y la ciudadanía con necesidades, incluyendo mecanismos de identificación y agendación de problemas; toma de decisiones; implementación flexible pero técnicamente acertada; y evaluación rigurosa. 


Todas estas etapas lo más democráticas posibles, con participación directa del ciudadano común, lo cual en México no suele ocurrir pues, aunque el ciudadano pide, y hasta ofrece soluciones, la autoridad unilateralmente decide; la implementación es errática y las evaluaciones poco rigurosas: todas las acciones terminan por declararse un éxito incuestionable.


Quiero recalcar la necesidad de un equilibrio entre dos criterios aparentemente excluyentes entre sí: la factibilidad técnica y la democracia, pues los grandes temas de coyuntura en nuestro país, estado y localidad inclinan la balanza hacia uno u otro de ambos lados sin encontrarse en el centro. 


Cuando al decisor conviene apelar al ciudadano para consolidar sus planes, se monta en el anti-intelectualismo y cae en el populismo, como se augura será la constante del próximo gobierno federal; pero si sus planes no cuentan con el apoyo social, tacha a la comunidad de poco preparada y decide a puertas cerradas entre “expertos”, como tiende a suceder en muchos gobiernos locales de derecha. Peor para nosotros cuando la decisión no se fundamente ni en la legitimidad ni en la evidencia científica.


Infraestructura estratégica en suelos no aptos y fomento de industrias contaminantes; atracción de inversiones que especializan excesivamente una economía, al grado de hacerla vulnerable a las variaciones de los ciclos productivos; alumbrado público con tecnologías cancerígenas; tala inmoderada y la conversión de espacios naturales en zonas habitacionales o turísticas; visiones muy cortas sobre desarrollo sustentable, como creer que plantar unos cuantos árboles de un mismo tipo es sembrar un nuevo bosque, cuando los expertos definen éste espacio natural como diversidad de especies vegetales y animales, etc., son casos de “políticas públicas” perjudiciales que la academia documenta cada vez más seguido y más cercanos a nuestra realidad. 


Algunos de estos ejemplos ya se dan en nuestro estado.


De ahí la necesidad de que en la agenda pública para los años por venir se introduzca una adecuada formación para los funcionarios y empleados públicos que se construya sobre dos pilares básicos: a) la sensibilidad social para incluir de manera constante la participación ciudadana directa; y b) la rigurosa formación científica para acudir a los expertos y las investigaciones de vanguardia en la problematización, generación de opciones de políticas públicas y toma de decisiones. 


Afortunadamente, existe desde hace mucho tiempo en nuestro país, y también ya en Aguascalientes, un área de conocimiento ad hoc: la administración pública y la ciencia política, además de otras áreas afines que la complementan, como el derecho, la economía y la contaduría pública (vale la pena mencionar que Universidad Cuauhtémoc contribuye orgullosamente a este esfuerzo con su Maestría en Gobierno y Administración Pública, a la cual ha convertido en una herramienta de difusión del conocimiento, no sólo por medio de sus asignaturas y profesores, sino también con los eventos paralelos, como conferencias y charlas en las cuales participan profesionistas de gran experiencia y académicos del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología). Precisamente sobre este punto, la educación, se realiza el comentario con que concluye esta intervención.


En tiempos recientes el foco en el sistema educativo superior nacional ha sido el de la formación de profesionistas con elevadas capacidades técnicas para el mercado laboral, principalmente el industrial y de servicios; es indudable su preparación en ciencias exactas: matemáticas, física, química, biotecnología, programación y robótica, corrigiendo a marchas forzadas deficiencias de la educación básica en estos temas, pero esta tendencia está dejando de lado el fomento de materias y profesiones en ciencias sociales y humanidades y, por consiguiente, la falta de profesionales que se encarguen de estudiar, criticar y proponer soluciones a los problemas de la sociedad, esos profesionistas que darán fundamento a las políticas públicas de los funcionarios y empleados gubernamentales.


En el mundo de un futuro que nos alcanza, el de la tecnología, el digital, con computadoras y robots a todo nuestro alrededor, nuestro propio futuro dependerá de los conocimientos y habilidades que se alejan de aquél otro y regresan el foco al ser humano, el analógico, de carne y hueso, falible e irracional.

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