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Opinión
¿DE VERDAD NADIE ENTIENDE?
23 de Marzo, 2019
#Opinión #Columna Por Valeria Moy

(Milenio) No entienden que no entienden. Con esa frase The Economist describía en 2015 lo que sucedía con los discursos del entonces presidente. Peña hablaba de liberar al país del crimen, de la corrupción y de la impunidad. 


No importaron las promesas de reformas constitucionales, ni la creación de sistemas anticorrupción inexplicables o la instrucción al gabinete de conducirse con integridad. Día tras día aparecían escándalos de corrupción y de impunidad, mientras la violencia escalaba. 


Con las campañas el tono de ciertos candidatos no cambió. No habían escuchado nada de lo que la gente pedía a gritos. Nadie quería saber cómo se acabaría con la corrupción, con la impunidad, con la pobreza o con la desigualdad. Lo que querían saber era que se acabarían. Nadie quería entender los detalles de la cura contra el cáncer; solo se exigía la certeza de que la enfermedad se curaría. 


Sin embargo, hubo un candidato que escuchó el reclamo y entendió lo que la gente quería escuchar: que la corrupción se acabaría con su ejemplo de honestidad, que aparecería una bolsa con 500 mil millones de pesos porque ya no existiría esa peste, que los malos se portarían bien y que la pobreza se acabaría. Entendió que la población quería certezas, no explicaciones. Nadie puede negar el éxito de su discurso. 


Meses después tenemos ya una gran cantidad de políticas públicas, de leyes en proceso y de cambios constitucionales que cambiarán poco la realidad, pero darán de qué hablar. Los programas sociales cambiaron de nombre y se reasignaron recursos de unos a otros, siguiendo exactamente la misma fórmula que se ha seguido durante más de 20 años sin éxito. 


Un componente importante de estos programas es asistencial. Si bien son relevantes para aliviar las condiciones diarias de quienes los reciben, no han tenido la profundidad necesaria para romper el círculo de pobreza. Quien nace pobre, no solo se queda pobre, sino que sus hijos vivirán en las mismas condiciones. 


La nueva administración, autonombrada posliberal, seguirá exactamente la misma fórmula, pero con más programas y más dinero. Dice que se liberará de los intermediarios para dar los recursos directamente a los beneficiarios: el sueño de un neoliberal de libro de texto. 


En materia de corrupción es pronto aún para saberlo, pero hay indicios de que poco mejorará. Hoy se acusa de corrupción en la plaza pública y las disculpas llegan, en el mejor de los casos, en privado. 


Para la refinería de Dos Bocas, mal proyecto en sí mismo, se convocará a cuatro empresas por invitación restringida. No importa que el proceso no sea transparente, ni que no se apegue a mejores prácticas, ni que el presupuesto esté mal hecho. 


La secretaría de Energía tuvo el descaro de poner un tuit diciendo que a 100 días de gobierno ya se había detenido la corrupción que se toleraba en Pemex y en la CFE. Ninguna evidencia, ningún dato, nada. 


Solo palabras. Son solo un par de ejemplos, pero la superficialidad en las soluciones que se proponen para algunos temas es casi delirante. 


Creo que sí hay alguien que entiende. No necesariamente la complejidad de los problemas y mucho menos las posibles soluciones. Pero sí lo que la gente quiere oír. Y se los dice. 


https://www.milenio.com/opinion/valeria-moy/peras-manzanas/de-verdad-nadie-entiende

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