viernes 20 de septiembre del 2019 | Aguascalientes, México

Opinión
QUE HACER FRENTE A CONDUCTAS ANTISOCIALES DE LOS HIJOS
21 de Febrero, 2018

Algunos padres de familia de colegios privados se reunieron con el objeto de integrarse a un frente común para ver cómo pueden cambiar las conductas antisociales de sus hijos.


Representantes de diversos colegios se reunieron para estudiar cómo mejorar las cosas; los padres están preocupados por el consumo de alcohol y drogas, por las muestras de violencia, el acoso escolar (bullying), los horarios y los diversos excesos.


Algunos dijeron cosas sensatas, como que sus hijos están pidiendo límites a gritos, que los antros les están ganando la batalla y que, también, se debe formar a los padres.


Es obvio que no son los niños y jóvenes los únicos responsables de su comportamiento; si los adultos a su alrededor no los corrigen desde pequeños y no los acompañan en su crecimiento, los chavos no adivinan qué se espera de ellos.


Ojalá esta asociación funcione, pues un cambio de comportamiento es difícil de lograr y para conseguir que los hijos vuelvan "a tener valores y dejen de ser consumistas", los padres podrían, entre otras cosas:


Dejar de competir entre sí por el tamaño de la casa, los decoradores, los viajes, los autos de lujo, la ropa y los accesorios de diseñador. 


Comprar a sus hijos ropa y zapatos que no sean de marca. Explicarles que las marcas no los hacen mejores que quienes no las usan.


Darles carro sólo hasta su mayoría de edad y nunca darles uno de lujo.


Darles celular cuando lo necesiten y no el más caro, que sólo lo usan para presumir; hay niños de 8 años o menos que ya tienen iPhone reciente.


Enseñarles a respetar a sus mayores, a levantarse a saludar cuando entra un mayor (lo conozcan o no), a cederle el asiento a las mujeres, a decir por favor y gracias.


Jamás permitir que nos levanten la voz o nos falten al respeto; si permitimos eso ahora, después nadie los detendrá a tratarnos mal cuando seamos ancianos, más vale una reprimenda a tiempo.


Nunca decir a sus hijos que ustedes pagan a los maestros "pobres diablos" y que éstos no los deben regañar ni exigir y menos castigar o reprobar.


Dejar de fomentar la rivalidad con otros colegios o grupos. Nunca llevarlos a las áreas de los centros comerciales en donde se reúnen para diferenciarse. 


No decir que quien vive en un área de gente más pudiente, es mejor que quien vive fuera de ésta. 


Relacionarlos con niños de otros colegios y de otras colonias.


No comprarles todo lo que pidan, su consumismo los lleva a tener todo en exceso. 


Estar al tanto de lo que ven y hacen en internet. Las redes sociales, especialmente, transmiten mensajes que frecuentemente debilitan sus valores.


Tratar al personal del servicio doméstico y a quien los atiende en gasolineras, restaurantes y demás sitios públicos, como las personas que son y no como esclavos que deben hacer lo que a ellos se les antoje.


Dejar de hacer ostentación de su riqueza en los bautizos, primeras comuniones, confirmaciones y bodas; eso enseña a sus hijos a fijarse en el lujo y las apariencias, mientras pierden el significado de la celebración.


Procurar que toda la familia se reúna a comer o a cenar, por lo menos, una vez a la semana. 


Tener una sola TV en la casa, convivir y evitar que cada quién se aísle en su recámara. 


Restringir el uso de internet a ciertas horas (cuando deban dormir, por ejemplo). 


Enseñarles que al templo o iglesia se va a dar gracias, a reflexionar y tratar de entender y reconocer valores; no a lucirse, ni a criticar, ni a viborear.


Enseñarles que no todos los problemas se resuelven con dinero y palancas.


Si ya tienen edad, discutir con ellos, honestamente, su sexualidad, aunque les cueste trabajo.


Educarlos para que no sean jueces implacables; juzgan con excesiva facilidad, como si sus puntos de vista o sus creencias fueran las únicas válidas. Enseñarles que hay otras formas de vida, de ser, de creer y de actuar y que la suya es sólo una entre muchas, no la única.


Las señoras deben renunciar a uniformarse en cuanto a sus camionetas y a su atuendo.


Fomentar las reuniones en casas particulares en lugar de antros y estar pendientes de cómo se comportan.


¿Quieren que sus hijos recuperen los valores? Fortalézcanlos para que, llegado el momento, no teman separarse del montón y asuman la responsabilidad de todos sus actos. 


Hay algunos ejemplos maravillosos de padres y jóvenes muy ricos y muy educados; son modestos, sencillos, respetuosos y solidarios. 


Pero muchos padres sienten la necesidad de demostrar su dinero, su mal gusto y su prepotencia y de ahí lo aprenden sus hijos.


Se invita a todas las abuelas, abuelos, padres y madres (y a quien quiera unirse), a que formemos una cadena o campaña perpetua para que se dé este cambio tan necesario en nuestra comunidad.

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